Gabriel García Márquez nos ha dejado con un abre bocas con relación a esta historia, sin embargo después de mucho tiempo se han encontrado los siguientes fragmentos.

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(http://dibujosisabelantelo.blogspot.com/2014/08/erendida-y-su-abuela-iii.html)
Después de salir huyendo, a Eréndira ni siquiera se le pasó por su mente mirar atrás, no se dio cuenta de que Ulises exhausto por su hazaña había quedado petrificado en el suelo, lo único que oyó fueron unos gritos, ella sabía de dónde provenían. Esos gritos venían del grupo de indios secuaces de la abuela, ellos seguían a la abuela porque la señora les permitía estar con Eréndira por muy bajo precio o por cumplir los deseos que se le ocurrieran a esta anciana.
Al llegar los indios a la escena del crimen, se dieron cuenta que la abuela no presentaba signo vital alguno. Uno de ellos se atrevió a desgarrarle las blusas ensangrentadas en busca del collar que ella solía usar.
INDIO NO 1
- “Ese collar no es cualquier baratija” dijo uno de los 7 indios “es el preciado collar de la jefe de ladrones, es el collar de la bella Andra”.
Uno de los jefes dijo:
JEFE NO1
- “como mi compañero dice, ese collar es más valioso que la misma Eréndira, con él podríamos comprar 100 como ella, pero dónde está y qué pasó con esa muchacha a donde habrá escapado”.
INDIO NO2
- “Miren allá va alguien corriendo, apostaría todas mis baratijas a que es Eréndira, esa figura no se olvida rápido” dijo uno de los indios. “Jefe, usted nos dirá qué hacer, sin embargo quiero decir que con este calor y con la velocidad de la muchacha nunca vamos a alcanzarla“.
JEFE NO1
- “primero quiero que requisen esta choza maloliente, busquen cualquier moneda, esa anciana nos había prometido muchas cosas y su dulce nieta pagará las consecuencias. Debemos ir al pueblo y recoger los camiones, de una vez carguen la mercancía que ha este viaje le vamos a sacar ganancia”.
Eréndira siguió corriendo hasta que de sus pies descalzos brotaron unos riachuelos de sangre, sin importarle siguió hasta que sus piernas acalambradas la obligaron a parar, quedándose dormida en mitad de un pastal. Mientras tanto Ulises que había alcanzado a avanzar unos metros, seguía aún somnoliento y mal herido, sus fuerzas aún eran mínimas y su aliento no le alcanzaba ni para abrir sus ojos. Luego de un buen rato, Ulises abrió sus ojos y mirando atrás recordó que lo que había acabado de ocurrir no era un sueño y que él era quien había matado a la abuela. Sin embargo, su dolor era solventado por la idea de libertad hacia Eréndira. Su mente lo llevaba a pensar cosas sin sentido pero en un momento sintió mucho dolor y tristeza;
ULISES
- “por qué Eréndira se fue y no me esperó, yo entiendo que debía huir, pero por qué no dejarme un mensaje o hacer una nota para que yo la pudiera encontrar, o mejor aún, por qué si ya es tan tarde no ha vuelto a buscarme. No importa, si ella es libre yo también, creo que me debe estar esperando en algún lugar y es mi deber ir a buscarla”.
Ulises también recordó algo en medio de su debilidad:
ULISES
- "¡un momento! , he tenido un sueño espantoso, más bien una pesadilla; he soñado que el grupo de indios estaba en busca de Eréndira y que deseaban su collar así tuvieran que matarla para conseguirlo".
Ulises al levantarse, se dio cuenta de que junto a la choza de la abuela habían numerosas huellas, y que las cosas de la choza como la cama y el closet, estaban rotos y destrozados. Se dio cuenta que su horrible pesadilla no era más que la realidad.
Mientras tanto Eréndira seguía desmayada en un pastizal, un lugar cálido y más fresco que aquel donde vivía con su abuela, dormía profunda por primera vez en total calma, cuando de repente sintió unas manos frías tocando su cuello y su frente, al abrir los ojos se dio cuenta que una mujer joven y muy bella estaba tratando de robar su collar o eso fue lo que Eréndira dedujo.
ERÉNDIRA
- ”Quieta ahí ladrona” gritó Eréndira asustada.
LA MUJER
- "Niña insolente como te atreves a hablarme así, después de que te cure los pies y te he dado de beber ¿así es como me tratas?, dijo la mujer".
Eréndira observó su cuerpo, parecía que las heridas estaban vendadas y libres de alguna infección.
ERÉNDIRA
- "Disculpe, me ha tomado por sorpresa, pero por qué estaba tocando mi collar sino era para robarlo".
MUJER
- "Mira muchacha decidí ayudarte porque creí que te conocía, creí haberte visto antes, además el collar que tienes ahí, alguna vez me perteneció, alguien me lo robó hace un tiempo !esa maldita¡" -Exclamó-
"pero bueno, no creo que sea el mismo, mi collar poseía un tipo de magia negra que me permitía hacer cosas inimaginables, debe ser una réplica barata la que llevas tú en el cuello".
Eréndira miraba con curiosidad el collar, ella siempre se lo había visto a su abuela y sabía que ella lo cuidaba más que a nada, pero la mujer decía que podía ser una réplica y a lo mejor así era, ese collar no tenía nada de especial, solo los rubíes que podían ser vendidos a muy buen precio.
ERÉNDIRA
- "Gracias señora, he corrido por mucho tiempo, el camino que me ha traído hasta aquí me ha traído maltrecha y creo que sin usted habría muerto, ahora bien la dejo y seguiré mi rumbo, algún día le pagaré por su atención, buen día -dijo Eréndira despidiéndose cortésmente".
Eréndira trataba de no pensar mucho en el collar, la joven no dio importancia a lo dicho por aquella mujer a pesar de que sentía cierta conexión mágica. Era inevitable creer que una pieza tan antigua pudiese tener algún poder más allá de brindar placeres visuales.
Mientras tanto, en medio de su elucubración, Ulises se había dado a la marcha siguiendo las huellas de los indios. En su mente retumbaba una y otra vez aquellas palabras llenas de codicia, mientras el calor bochornoso y abrazador, hacía brotar sudor de cada poro de piel. Ulises tenía una corazonada extraña, entonces decidió beber un poco de agua de una cantimplora que solía llevar. Al tiempo que bebía agua pensaba sobre la conversación que había escuchado de los indios. De repente vino a su mente un sorpresivo recuerdo sobre la conversación que escuchó mientras dormía, hizo que se atragantara con el agua, sus ojos se abrieron y las fosas nasales se agrandaron, a la vez que derramo una bocanada de agua y dijo:
ULISES
- "¡No puede ser!".
Algo hizo aligerar su paso e inmediatamente dijo:
- "Esos malditos… ¿Cómo es posible…?"
En ese momento era una carrera de él contra el tiempo. Y no presagiaba nada bueno...
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